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A.P.A.P

Recordando semillas

  Creo firmemente que si el mundo se sostiene por la voluntad de tantas personas que apuestan a la vida, realizando silenciosamente pequeñas cosas de un valor extraordinario, generando la suficiente energía como para que la humanidad tenga cada día una nueva oportunidad de redimirse. Aquella tarde tuve la impresión de estar viviendo un momento mágico, especial, único, que se replicaba en cada rincón del planeta bajo la forma de tantos corazones que latían en sincronicidad. Algo así como estar suspendida sin tiempo y sin espacio, percibiendo con quienes compartían ese momento, una misma energía, una única llama envolvente que - por alguna razón - había provocado aquél encuentro.

Elizabeth Kübler Ross define la vida como “un reto, no una tragedia”. Y desde esta mirada considera que nuestros sufrimientos y tribulaciones lejos de ser castigos, son oportunidades para crecer y evolucionar.

Sin embargo aún cuando pudiéramos aplaudir eufóricos tamaña afirmación en momentos de bonanza de nuestra vida, seguramente nos encontraremos con mayores dificultades para aceptarla cuando atravesemos por el sufrimiento.

Quizás ayudaría entonces, en un esfuerzo por comprender este concepto, el recordarnos semillas y reconocernos en cada una de las etapas que nos llevaron a ser hoy árboles crecidos.

Si miramos con generosidad nuestro presente, podemos constatar que de aquél manojo de espinas crecieron rosas inesperadas que incluso le dieron a nuestra vida un nuevo sentido.

Que los huracanes devastadores solo se llevaron todo aquello que no era necesario para seguir viviendo.

Que las lluvias torrenciales se convirtieron en fina llovizna templada.

Que los afectos que ya no están, igualmente llenan de presencia nuestros actos.

Que las traiciones nos enseñaron la virtud de la prudencia y las derrotas el valor de la dignidad.

Que cada vez que postergamos nuestros sueños una voz interior nos prevenía sobre los peligros de alejarnos de nuestro destino.

Que el certificado de raciocinio y cordura (sin firmas aclaratorias) que ostentan las mayorías, no garantiza el acceso a la felicidad.

Que cuando renunciábamos a nuestra libertad también lo hacíamos a nuestra dignidad de ser humanos.

Que el mayor horror de la cruz es soportarla en soledad.

Volver a sentirnos semillas capaces de morir generosamente para dar lugar al árbol puede recordarnos el reto al que estamos llamados y renovar nuestra apuesta a la Vida.

¡Feliz Resurrección! ¡Felices Pascuas!

Marta Miskoff

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