Cabecera
A.P.A.P

Pintar la Vida

Mente creadora, mano, cuadro, colores y pincel constituyen una sola cosa cuando hay armonía.

Para que exista belleza y armonía en un cuadro se combinan tonalidades. No es el pincel el creador de la obra sino el que plasma la intención del autor, llevado por la maestría de la mano hacedora. Arrastrado por un impulso de vida, una revolución vital que justifica su existencia, el pincel solo se deja conducir… Un cuadro que utilizara tan solo un tono, sin claros ni oscuros, sin matices, ni contrastes no mostraría nada más que una ínfima parte de todas las posibilidades que podrían desarrollarse de la mano de su creador.

Esa insurrección que expresa nuestro ser más íntimo se manifiesta en la pasión por lo que hacemos tanto en el plano individual como comunitario y al mismo tiempo nos recuerda que somos instrumentos canalizadores de una fuerza que supera nuestra propia voluntad. Si quisiéramos hacer una cosa distinta a la que este impulso (vocación, misión) nos conduce, no nos saldría tan bien. Pero ninguna revolución puede desenvolverse en un plano distinto a nuestro vivir cotidiano ni tomando solo aspectos parciales de nuestro entorno.

A veces nuestro propio dolor nos hace inmunes al dolor del otro y nos paraliza: sentimos que no hay nada más importante que ocuparnos de nosotros mismos, prescindiendo de la diversidad de colores que se nos ofrece en la paleta. Empezamos a vivir una realidad recortada y a partir de esta visión parcial nos sentimos “buenas personas” por el simple hecho de “no hacer mal nadie”. Nos volvemos monocromáticos... Con el tiempo debemos afrontar situaciones en donde no hay más alternativa que asomar la nariz a otras realidades y dar lugar a la expresión de todos los colores posibles.

Cuando visitaba el Cotolengo Don Orione en Córdoba, experimentaba una felicidad profunda; significaba para mí una forma de recordar cada domingo las prioridades de la vida. Ser testigo del servicio de las religiosas, que entregaban su vida en esta misión y el de las mismas personas con discapacidad, con mayores posibilidades hacia los que menos podían, dejaba al descubierto el derroche que hacemos de nuestros dones y capacidades. Todos los internos se sentían útiles y en cada uno de ellos se manifestaba el servicio a través de pequeñas acciones. La paleta del pintor estaba cargada de tonalidades impensadas y los pinceles se sucedían unos a otros de acuerdo a lo que requería la obra.

Seguramente será necesario en algún momento, que la mano del hacedor limpie el pincel, removiendo la pintura vieja que adherida para dar lugar a nuevos colores… proceso a veces doloroso porque solemos resistirnos a abandonar las estructuras. En otros momentos, para completar la obra, se emplearán otros pinceles: más gruesos o más delicados, finos, ásperos o suaves… Está en cada uno de nosotros aceptar con sencillez y humildad la intervención de otros para que la obra cobre su sentido y cada uno pueda contribuir con su pincelada especial y única a concluirla.

¿Con qué colores pinta usted?

Marta Miskoff

Volver al Menú
Diseño y Desarrollo Web - Contacto