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A.P.A.P

¿Desde qué lugar?

Hacer públicas las inquietudes, reflexiones o interrogantes acerca de distintos temas, obliga a comenzar por delimitar desde qué lugar se acepta este desafío y hacia quien se dirige el mensaje.

Si las palabras impregnan la conducta y el lenguaje constituye una forma de conducta diferenciada, bien se lo puede definir como una "conducta verbal". Bajo esta premisa, surge este espacio que tiene la pretensión de reflejar la opinión de quienes nos sentimos interpelados a "hacer algo" desde el espacio de acción que brinda A.P.A.P.

Reconocer nuestras limitaciones y la humana incompletud, más allá de las buenas intenciones, puede ser un buen punto de partida para iniciar cualquier empresa, así como reconocer el derecho a cuestionar o repensar aquellos aspectos del quehacer cotidiano. Nos mueve la convicción de que la transformación debe partir, primero, de uno mismo y a través del encuentro personal con el otro, con quien podemos compartir la aspiración de descubrirnos.

Mientras se transita por nuevos caminos en la búsqueda de una inclusión efectiva de las personas con discapacidad, mantener acciones coherentes con nuestra misión nos exige una postura crítica y auto crítica permanente.

Por esto, seguramente el lector no encontrará en estas reflexiones respuestas grandilocuentes a grandes enigmas. Mucho menos un análisis técnico minucioso que refleje las múltiples aristas de un tema complejo. Más bien estas reflexiones están dirigidas a quienes, desde el anonimato que nos confiere el ser "ciudadanos comunes", interpretamos la realidad desde esta particular visión, con sus aciertos y también con sus vicios. También a los que se entusiasman con las utopías, se apasionan trabajando y poniendo el hombro, porque creen que los cambios, aún con los esfuerzos que exigen, son posibles.

Bienvenidos sean los cuestionamientos y las voces disidentes - si surgieran - porque hacen falta los unos y los otros para sentir que la cultura de la diversidad que tanto pregonamos desde el discurso es posible ser vivida. Es necesario que asumamos el derecho a disentir y a construir una ética social, pluralista, que incluya al "diferente" como un miembro valioso; que nos animemos a transformar y transformarnos.

Desde este espacio se logra sacudir alguna modorra, cuestionar la habitual mochila de prejuicios y creencias con la que habitualmente cargamos y decir algo más sobre lo cotidiano... Si se contagian las ganas de hacer y saborear juntos el milagro de "poder" que nos regala la vida, entonces, la misión estará cumplida.

Marta Miskoff

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