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A.P.A.P

Permitirnos crecer en familia

Recuerdo mi niñez apacible y repleta de horas de juego con mi hermana (demás está decir: sin computadoras ni televisión) en donde las obligaciones de los chicos eran ir a la escuela, hacer algún deporte, estudiar inglés o aprender a ejecutar algún instrumento musical. Actualmente sentimos que si nuestros hijos no hacen computación, inglés, teatro, un deporte, danza, plástica y cuanta oferta se lanza al mercado, les estamos privando del derecho de ingresar al "primer mundo". Preferimos entonces las corridas antes que afrontar la culpa que nos provocaría un posible reproche nos formularían nuestros hijos al sentirse en supuesta desventaja.

Hoy las mamás solemos tener una vida en donde el correr es la regla. A veces el cansancio que nos provocan tantas actividades, m&aacuote;s la propia búsqueda de la realización personal, termina por agotarnos y va minando las relaciones familiares casi sin darnos cuenta... Tiempos difíciles para encontrar el justo equilibrio.

Si esto sucede en familias cuyos hijos crecen y logran, tarde o temprano, su independencia personal… ¿qué sucede en las familias cuando uno de sus miembros porta una discapacidad?

Tener un hijo con discapacidad propone a los padres un doble desafío: redescubrir su rol de padres y responder al mismo tiempo a sus necesidades personales, más allá de las múltiples exigencias que impone el desempeño del rol.

Idas y venidas, corridas por médicos y especialistas, consultas permanentes, horarios sobre los que giran a veces toda una organización familiar... Agotamiento... Cansancio... Deseo de tirar la toalla... Nuevamente enfrentar la dificultad... Juntar los pedazos rotos... Rearmar la esperanza... Seguir remando... Dar paso a una fe que mueve montañas... aunque a veces vuelve a decaer... Un gran número de mujeres, después de ser madres de un hijo con discapacidad, abandonan su trabajo habitual y se ocupan tiempo completo al cuidado de éste hijo. A veces esta actitud se ve reforzada por los profesionales que exigen un permanente listado de tratamientos, consultas, estudios, refuerzo en la casa de los ejercicios de rehabilitación realizados en los consultorios. Una tarea agobiante, que solo puede llevarse a cabo con una mamá "disponible tiempo completo". Imposible de otra manera, satisfacer tanta demanda.

Pero además, pesa el modelo social al que las mujeres sentimos que debemos responder y pareciera que a veces hasta confronta con el reconocimiento de las propias necesidades y el deseo de realización personal. Todo esto contribuye a que la carga emocional sea tan pesada que llevarla se hace verdaderamente una proeza.

El papá tampoco está exento de sus vivencias particulares, con el cúmulo de obligaciones y responsabilidades que suelen delegársele como "jefe de familia". No es sencillo llevar adelante la pareja cuando no existe un tiempo real para el encuentro, el diálogo y la distensión del trajín diario.

La paradoja resulta cuando se evalúa que, pese a las mejores intenciones puestas para dar todo y a veces un poco más, los resultados suelen no ser los que esperábamos: el cansancio lleva al "pase de facturas", a los reproches y finalmente a la frustración y al deterioro de los vínculos.

Poder reconocer que nuestros hijos, aún con discapacidad, tal como dice Blanca Nuñez, "no son el único eje por donde pasa la existencia propia", nos invita a reflexionar sobre el desafío que implica ser personas, sobre el valor de nuestra propia individualidad y la de ellos, a veces ahogada y sin posibilidades de manifestarse.

El darse un tiempo para tomar un café, mirar el programa de televisión que nos gusta, reunirnos de vez en cuando con amigos, hace a la construcción de nuestra intimidad, de ese pequeño espacio privado que resulta indispensable para sentir que la vida, aún con sus exigencias, nos regala ese sabor dulzón cuando estamos dispuestos a degustarla.

Marta Miskoff

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