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A.P.A.P

La profecía autocumplida

Una profecía autocumplida o autorealizada es, según la definición de Robert Merton “una definición falsa de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva "verdadera". Es una predicción convertida en la causa de que se convierta en realidad. Tal como pasó con los dones que las hadas le regalaron a La Bella Durmiente en su bautismo: una a una desfilaban frente a la princesa y tocándola con su varita mágica sentenciaban: “serás hermosa” , “serás buena”… Como no podía faltar, la bruja del cuento también hizo su pronóstico: “cuando tengas 15 años te pincharás el dedo con una tijera y morirás”. Si bien era imposible deshacer del todo el hechizo, el último hada que quedaba por entregar su regalo remplazó la palabra “morirás” por “dormirás cien años”. Y todo se cumplió al pie de la letra.

Si tuviéramos conciencia del poder de nuestras palabras para crear nuevas realidades seríamos tan cuidadosos que comenzaríamos por eliminar de nuestro lenguaje las que tienen una connotación negativa. Alentaríamos a nuestros hijos a centrarse en sus capacidades, en las infinitas posibilidades para desarrollarse y ser felices y desterraríamos para siempre el “sos un burro”, “no puedo esperar nada de vos”, “hacés todo mal”, “sos torpe”, “no vas a poder”… y tantas otras expresiones que, a modo de sentencia, se constituyen en verdaderos muros para el crecimiento.

El concepto de Merton se desprende del teorema de Thomas, que dice: Si una situación es definida como real, esa situación tiene efectos reales. Es decir: quien piensa en fracasar, ya fracasó antes de intentar y quien piensa en ganar, al menos, lleva ya un paso adelante ¿Cuáles son los pensamientos que elegimos desarrollar y cuáles las palabras para expresarlos?

Atraemos y manifestamos aquello que sostenemos en nuestra mente, de allí la importancia de establecer una coherencia entre pensamiento, palabra y acción. Solemos decir que reaccionamos así porque “lo hechos” o “la realidad” estaba diciendo tal o cual cosa, cuando en realidad lo que estamos haciendo es responder de acuerdo a nuestra propia interpretación. De allí, que observamos posturas tan disímiles ante un mismo acontecimiento.

Cuando me convenzo de que aquella profecía dicha por mis padres, jefes, esposo/a es la única realidad posible, adecuaré toda mi conducta a esa percepción, lo que traerá consecuencias en mi vida y finalmente, colaborará en el cumplimiento de la sentencia.

“Si piensas que puedes o no puedes, tienes razón”. Con frecuencia los padres imponemos límites a las elecciones de nuestros hijos y les anticipamos –con la excusa de resguardarlos- nuestros propios miedos. Deseamos que crezcan, que se independicen, que se sientan realizados pero en la práctica, solemos desvalorizarlos con la falta de confianza hacia sus capacidades y les transmitimos con palabras o con hechos aquella sentencia lapidaria: “no vas a poder”. Así, para evitarles un supuesto fracaso a futuro, los sometemos al mayor de los dolores: cortarles las alas antes de que puedan hacer por sí mismos la experiencia de volar.

La historia está plagada de seres increíbles que superaron sus dificultades porque hubo alguien que los animó, que confió en que podían hacerlo. Si miramos la historia de la humanidad comprobaremos que todos sus avances tuvieron que ver con transgresores que confiaron en la posibilidad de hacer realidad sus sueños y no creyeron en los hechizos de las brujas.

Marta Miskoff

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